El proyecto “RAÍCES” llega a su ecuador.

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El proyecto RAÍCES, que se está desarrollando en nuestro centro dentro del Programa Andalucía Profundiza, ha llegado a su ecuador. Toca hacer balance del recorrido y preparar la recta final.

Hasta ahora el alumnado participante ha estado dedicando las jornadas de sábado a recopilar material, a partir de fuentes históricas, sobre algunos aspectos de la cultura morisca, con especial atención a sus prácticas agrícolas. Han leído y obtenido información de inventarios de bienes moriscos del reino de Granada del siglo XVI, descubriendo muchas palabras nuevas que surgían de los documentos: orón, tahulla, cofín, celemín… Hemos visto en las fuentes los productos alimenticios que solían tener en sus casas, y que nos dan buena pista de lo que cultivaban en sus tierras y servía de base a su alimentación y materia prima para su artesanía: trigo (al parecer poco), cebada (muy abundante), panizo, alcandía, mijo, dohón, centeno, higos, cebollas,  lino,  seda, cáñamo… Hemos visto la importancia del regadío para asegurar la subsistencia en un medio de lluvias escasas e irregulares, los esfuerzos para aprovechar al máximo la tierra ante un relieve complicado y lleno de pendientes y el importante papel que debía jugar la ganadería y la explotación de los recursos naturales como complemento indispensable a la agricultura.

De lo general comenzamos a acercarnos a nuestro entorno. Hemos leído fragmentos de algunos trabajos de investigación sobre nuestra comarca en el siglo XVI. Existen buenos estudios sobre los Libros de Apeo y Repartimiento de Güevéjar y Pulianillas, que nos permiten conocer bastantes rasgos del paisaje agrario de estas localidades en torno a 1580. El Libro de Apeo de Cogollos ha sido analizado por el propio alumnado, descubriendo topónimos perdidos y elementos básicos de su paisaje agrario: los pagos en que se dividía el término, la proporción de tierras de secano y regadío en cada uno de ellos, arbolado existente (olivos, moreras y morales), acequias y balsas…

El sábado tocaba salir al campo con nuestros cuadernos y cámaras, para tratar de leer el paisaje de nuestro entorno, y elegimos seguir un tramo de la acequia que regaba en el siglo XVI los pagos de Catacena y Vitén, que sigue siendo la madre del actual sistema de riego de estas tierras, aunque con notables ampliaciones y adaptaciones debidas al paso del tiempo. Se unieron a nuestro itinerario didáctico refuerzos del campo científico para profundizar en los factores naturales del paisaje agrario: influencia del clima, el relieve, los suelos, vegetación natural… Damos las gracias por su colaboración a los compañeros Enrique Arrojo, del Departamento de Biología y Geología, y Judith Olave, del Departamento de Agraria. Bueno, también se sumó al paseo Isabel Pinel, Jefa de Estudios del centro, movida por su curiosidad por las piedras viejas. Y para completar la cuadrilla contamos con la incorporación de nuestro antiguo alumno Juan Bailón, actualmente estudiante de Turismo inmerso en un trabajo sobre puesta en valor de los elementos del Patrimonio Histórico-Natural de nuestra comarca.

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El producto final de este trabajo, en el que nos volcaremos en las próximas sesiones, será la elaboración de un audiovisual y un pequeño artículo de divulgación sobre el tema, que antes del final de curso estará a disposición de la concurrencia en nuestro blog. Vaya por delante que como fruto de esta excursión ha surgido la idea, expuesta ya en el Consejo Escolar, de organizar algún tipo de jornada de trabajo colectivo y convivencia con objeto de adecentar los restos del edificio del antiguo molino de agua que se encuentra dentro de los límites de la finca de nuestro centro, y buscar documentación histórica que nos permita precisar su fecha de construcción. De momento sabemos que no existía en la época morisca y que pudo construirse a comienzos del siglo XVIII. Por cierto, si algún vecino de Cogollos tuviera imágenes de dicho molino, que según investigación de campo estuvo en pie y en perfecto funcionamiento hasta que el Estado adquirió los terrenos para construir el edificio de nuestro centro, estaría bien que nos las hiciera llegar. Hoy se encuentra reducido a una escombrera cubierta de vegetación, pero si algo hemos aprendido en este proyecto es que merece la pena redescubrir, poner en valor y conservar este tipo de elementos que forman parte de nuestro patrimonio etnográfico, aunque en su momento alguien decidiera que no merecía la pena gastar una peseta en su mantenimiento y conservación.

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Categorías: Alumnado, Familias | Deja un comentario

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