El papeleo, Dios, el papeleo.

Esto lo escribí hace dos años, cuando comenzaba mi primer y ultimo año en la vicedirección del centro. Lo suscribo plenamente a día de hoy. Pero hoy, como entonces, intento cumplir con mis obligaciones.

Juan Miguel Mendoza Garrido

Menudos días de inicio de curso, y más si eres directivo, aunque seas vicedirectivo.

Y ahora pienso en la de papeleo que llevo, y lo que me queda, para tener en orden los trámites de arranque:

Programación de mis asignaturas, cuplimentando los cada vez más numerosos subapartados que exige el sistema para velar por la calidad de la enseñanza, esos que te manda la inspección, y en los que contemplas con horror que, además de las ya medio asimiladas competencias básicas, hay que cumplimentar un apartado de “Contenidos transversales”. ¡Pero si ya los daba por muertos! Pues no, los han resucitado.

Programación de pendientes con casi tantos subapartados de temporalizaciones, criterios, garantías, procedimientos, medios, recursos, competencias básicas…. Pero si sólo tengo que atender a dos personas….

Información a las familias, que es cortar y pegar parte de la programación. Y fotocopiamos tres toneladas de papeles y se los hacemos llegar a cada familia, rezando porque, al menos, acaben en el contenedor de reciclaje.

Tramitación los cheques-libro: registrarlos, sellarlos, perderlos….

Revisiones del Proyecto de Centro para adecuarlo a la penúltima normativa surgida de la última  pasarela pretaporter de estrategias pedagógicas para disminuir el fracaso escolar celebrada este último verano.

Pruebas iniciales, ajustadas a competencias básicas…, no vaya a ser que….

Total, que el corta-pega de mi word está que no quiere ni mirarme a la cara.

A ver si acabo pronto de todo esto y saco tiempo para dedicarme a enseñar, coño.

¿Con qué objetivo? Que aprendan y se motiven.

¿Con qué contenidos? Con los que dice el libro, que para eso nos hemos gastado el dinero público en darlos gratis.

¿Con qué medios? Con todos los que tengo en casa y me pago yo, y lo que pueda aprovechar de los escasos y renqueantes  medios de que dispone mi centro.

¿Con qué criterio de evaluación? El que aprenda algo, aprueba, y el que aprenda mucho con nota.

¿Con qué instrumentos? Con el cerebro y el corazón.

¿Para desarrollar qué competencias? Las suficientes para superar, aunque sea por poco, a los cerebros que han diseñado esta maraña de burocracia, lo cual no debe ser difícil.

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