La importancia de llamarse Bárbula. Los nombres propios en Cogollos entre 1565 y 1640.

Recientemente he leído una noticia en relación a los nombres más comunes de los niños y niñas nacidos en España en el último año: Hugo y Lucía han sido los favoritos, y el artículo se hacía eco del incremento de algunos nombres poco comunes relacionados con personajes de series de moda, artistas, futbolistas, etc.

Al hilo de la noticia he dado en fijar la atención en los datos que ofrecen los libros de bautismos de la parroquia de Cogollos, digitalizados en su momento como prolongación del proyecto de  Andalucía Profundiza desarrollado en nuestro centro hace tres cursos. Guardo muy buen recuerdo de aquellas tardes en el Archivo Parroquial, investigando, con diferente fortuna, las genealogías de unas maravillosas alumnas cogolleras: Marta, Paqui, María y Ana. Cuánto Hurtado, Leyva, Romero y Escalona fichamos entonces.

El caso es que a ratos perdidos  sigo indexando a todos los individuos registrados en esos libros, tarea en la que avanzo muy lentamente con la idea de, algún día, ofrecer al público un trabajo de demografía histórica de la población de Cogollos. En ese tipo de estudios no suele ser un aspecto importante referirse a los nombres de pila de las personas, que acaban convertidas en estadísticas de natalidad, mortalidad, nupcialidad, fecundidad, etc. Es por eso que he pensado aprovechar los datos indexados entre 1565 y 1640 para hacer, a modo de diversión, un acercamiento estadístico a los nombres de las cogolleras y cogolleros de los siglos XVI y XVII. Y aquí van los datos.

Entre 1565 y 1569 las personas bautizadas en la parroquia de Cogollos eran en un porcentaje aplastante moriscas, es decir, descendientes de musulmanes que se convirtieron al catolicismo después de 1501. Por si este factor cultural tuviera algún efecto sobre los nombres de pila parece conveniente diferenciar sus datos de los relativos a las familias repobladoras que a partir de 1571 se instalaron en Cogollos.

 

 

En los cuatro años del periodo morisco se bautizaron en Cogollos 141 individuos: 72 varones y 69 féminas.  Los nombres más frecuentes en este período pueden verse en la tabla siguiente:

 

Nombre de varón % de frecuencia Nombre de mujer % de frecuencia
Diego 20% Isabel 33%
Alonso 11% María 22%
Luis 10% Engracia 5%

 

Se observa una mayor concentración en los nombres femeninos, ya que una de cada dos moriscas bautizadas se llamaba Isabel o María. Por supuesto, los nombres de tradición musulmana estaba prohibidos, aunque sí que se mantenía en la mayoría de los casos el apellido de origen musulman: Ratal, Xamal, Hadarí o Malaz, entre los más comunes.

 

Entre 1571 y 1640 se bautizaron en Cogollos 1.551 personas: 809 varones y 752 mujeres. Los nombres favoritos entre cada sexo fueron los siguientes:

Nombre de varón % de frecuencia Nombre de mujer % de frecuencia
Juan 25% María 30%
Francisco 8.5% Isabel 21%
Alonso 7% Ana 18%

 

Se mantiene una mayor variedad entre los varones, y se aprecia también un cambio respecto a la etapa morisca: Juan y Francisco, figuras potentes del santoral, se sitúan en cabeza, pero entre las mujeres Isabeles y Marías siguen sumando más del 50% de las bautizadas.

Sin embargo, a veces llaman más la atención los nombres únicos, los que por algún motivo alguien decidió poner a su hija o hijo convirtiéndolos en “bichos raros”  y excepcionales. Veamos algunos  de los ejemplos de nombres singulares, los que sólo se usaron una vez en un período de casi 80 años.

Entre los varones fueron únicos:

Lope, morisco hijo de Lorenzo Zulema, bautizado el 14 de septiembre de 1565. Curiosamente era el nombre que había elegido en el caso de que Carmen Marcela hubiera sido un varón.

Toribio, morisco también, hijo de Pedro de Morales Zicala, bautizado el 15 de febrero de 1568.

Alejo, hijo de Juan Ibáñez y Elvira Herrera, bautizado el 15 de mayo de 1589.

Damián, hijo de Alonso Martínez y Catalina González, bautizado el 1 de octubre de 1590.

Mario, hijo de Juan Jiménez y Ana Sánchez, bautizado el 2 de mayo de 1579.

Entre las mujeres fueron únicas:

Brianda, morisca hija de Lorenzo Adonzoz, bautizada el 1 de mayo de 1566.

Cecilia, morisca hija de Luis el Hamy, bautizada el 11 de septiembre de 1569, apenas unos  días antes de la limpieza étnica de los moriscos cogolleros, que fueron concentrados y sacados del pueblo hacia un futuro incierto.

Caterina, hija de Miguel de Martos y María de la Orden, bautizada el 18 de octubre de 1589.

Felipa, hija de Miguel Gallego y Francisca de Ortega, bautizada el 8 de julio de 1635.

Guiomar, hija de Alonso de Quesada y María de Lizana, bautizada el 27 de abril de 1598.

Petronila, hija de Juan García Villaverde y María González, bautizada el 25 de febrero de 1589.

Polonia, hija de Andrés Díaz y Juana de Navarrete, bautizada el 22 de febrero de 1587.

Sabina, hija de padres desconocidos, abandonada a la puerta de la Iglesia y bautizada el 30 de noviembre de 1632.

Úrsula, hija de Pedro Hernández de Porcuna y Marina de Ortega, bautizada el 22 de septiembre de 1572.

Pero sin duda, por su sonoridad, me quedo con Bárbula, hija de Miguel Díaz y María de la Paz, bautizada el 23 de octubre de 1611. Tuve que mirar con atención la grafía, porque estaba seguro de que era algún error de lectura, pero ahí está nuestra Bárbula, del latín barbula, –ae (barba pequeña), aunque tal vez sus padres se inspiraron en la “bárbula”, un tipo de musgo.

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